"No existe ninguna fórmula ni método secreto. Se aprende a base de amar: prestando atención, y haciendo lo que se descubre que hay que hacer"
Aldous Huxley
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martes, 23 de noviembre de 2010

La teoría de la bellota y el código del alma



James Hillman es un psicólogo norteamericano y analista junguiano, representante principal de la escuela arquetipal en psicología analítica Desarrolló la psicología arquetipal.

En su obra de 1997, The Soul's Code: In Search of Character and Calling, Hillman perfila lo que denomina la teoría de la bellota del alma. Esta teoría afirma que cada individuo dispone ya en sí mismo su propio potencial de posibilidades únicas, del mismo modo que una bellota contiene el patrón de un árbol de roble. Describe cómo una energía del alma única e individual está contenida dentro de cada ser humano, se despliega a lo largo de su vida y es expresada en su vocación y en su trabajo cuando ha florecido o se ha actualizado completamente.

Argumenta en contra de la "naturaleza y la educación" como explicaciones únicas del crecimiento individual, sugiriéndose una tercera clase de energía, el alma individual, responsable de gran parte del carácter individual, de la aspiración y del logro. También argumenta en contra de otros factores ambientales y externos como determinantes exclusivos del crecimiento individual, incluida la falacia parental, dominante en psicoanálisis, por la cual nuestros padres son vistos como cruciales en la determinación de quienes somos al proveernos su material genético, acondicionamiento y patrones de comportamiento. Aun reconociendo la importancia de los factores externos en el florecimiento de la semilla, argumenta en contra de la atribución de toda la individualidad humana, el carácter y el logro a estos factores. El libro sugiere la reconexión con el tercer factor, superior, en el descubrimiento de nuestra naturaleza individual, y en la determinación de quiénes somos y nuestra llamada de la vida.

Hillman sugiere una revaluación de cada individuo de su propia infancia y vida presente para tratar de encontrar su vocación particular, la semilla de su propia bellota. Ha dejado escrito que debe ayudar a precipitar la reconexión con el alma del mundo en el espacio entre la racionalidad y la psicología. Complementa la noción de crecimiento con la noción de crecer hacia abajo, o arraigar en la tierra y quedar conectado a ella, en orden a que el individuo crezca aún más. Hillman incorpora la lógica y el pensamiento racional, así como la referencia a historias de casos de personas bien conocidas en la sociedad, cuyos daimones se consideran claramente expuestos y materializados, en la discusión sobre el daimon. Sus argumentos son también considerados en consonancia con el puer eternus o joven eterno cuya ardiente existencia momentanea podría ser vista en la obra de poetas románticos tales como Keats o Byron y en jóvenes estrellas de rock recientemente fallecidas como Jeff Buckley o Kurt Cobain. Hillman también rechaza la causalidad como un marco de definición y sugiere en su lugar una cambiante forma de destino por la cual los acontecimientos no son inevitables pero están obligados a ser expresados de algún modo dependiendo del carácter del alma del individuo.


Acerca del alma, del carácter & de la vocación.



marzo de 1998

Entrevista de Scott London a James Hillman (extracto)

Traducción de Enrique Eskenazi

Scott London: Ud. ha escrito y dado clases acerca de la necesidad de revisar la psicoterapia a lo largo de más de tres décadas. Ahora, de improviso, el público parece receptivo a sus ideas: Ud. figura en las listas de bestsellers y en las charlas de TV. ¿Por qué cree que su obra imprevistamente ha tocado una cuerda?

James Hillman: Creo que está habiendo un cambio de paradigma en la cultura. La antigua psicología ya no funciona más. Demasiada gente ha estado analizando su pasado, su niñez, sus recuerdos, sus padres, y dándose cuenta de que no hace nada- o de que no hace lo suficiente.

SL: Ud. no es una figura muy popular dentro del mundo institucional de los terapeutas.

JH: No soy crítico con la gente que hace psicoterapia. Los terapeutas que están en primera línea tiene que hacer frente a un enorme caudal de los fracasos sociales, políticos y económicos del capitalismo. Son sinceros y trabajan duro con muy poca credibilidad, y el sistema y las compañías farmacéuticas intentan eliminarlos. De modo que realmente no intento atacarlos. Lo que ataco son las teorías de la psicoterapia. Uno no ataca a los heridos de Vietnam, sino a la teoría detrás de la guerra. No es error de nadie que haya luchado en esa guerra. La guerra misma era el error. Lo mismo ocurre con la psicoterapia. Transforma todos los problemas en problemas subjetivos, internos. Y no es de allí de donde vienen los problemas. Provienen del entorno, las ciudades, la economía, el racismo. Provienen de la arquitectura, de los sistemas de enseñanza, del capitalismo, de la explotación. Vienen de muchos sitios que la psicoterapia no trata. La teoría de la psicoterapia lo vuelve todo sobre ti: tú eres el que está mal. Lo que intento decir es que si un muchacho tiene problemas o está desanimado, el problema no está simplemente dentro del muchacho; también está en el sistema, en la sociedad.

SL: No se puede arreglar a la persona sin arreglar la sociedad.

JH: No lo creo. Pero no creo que nada cambie hasta que no cambien las ideas. El punto de vista corriente de los norteamericanos consiste en creer que algo está mal en la persona. Tratamos a las personas de la misma manera que tratamos a los coches. Llevamos el pobre muchacho al doctor y preguntamos "qué no funciona en él, cuánto costará y cuándo podemos pasar a buscarlo". No podemos cambiar nada hasta que tengamos ideas frescas, hasta que empecemos a ver las cosas diferentemente. Mi objetivo es crear una terapia de las ideas, tratar de aportar nuevas ideas, de modo que podamos ver de modo diferente los mismos viejos problemas.




SL: En "El código del alma" Ud. habla acerca de "la teoría de la bellota". ¿Qué es eso?

JH: Bueno, es más un mito que una teoría. Es el mito de Platón de que uno llega al mundo con un destino, aunque él emplea la palabra "paradigma" o arquetipo en lugar de destino. La teoría de la bellota dice que existe una imagen individual que le pertenece a tu alma.
El mismo mito puede encontrarse en la kabbalah. Los Mormones también lo tienen. Los Africanos también lo tienen. Los Hindúes y los Budistas también lo tienen de diferente manera -lo vinculan más con la reencarnación y el karma, pero aún así uno llega al mundo con un destino particular. Los indios americanos también lo tienen y muy fuerte. De modo que todas estas culturas a lo largo del mundo tienen esta comprensión básica de la existencia. Sólo la psicología americana no la tiene.

SL: En nuestra cultura tendemos a pensar en la vocación en términos de "profesión" o "carrera".

JH: Sí, pero la vocación puede referirse no sólo a maneras de hacer -esto es, trabajo- sino también a maneras de ser. Por ejemplo ser amigo. Goethe decía que su amigo Eckermann había nacido para la amistad. Aristóteles hacía de la amistad una de las grandes virtudes. En su libro sobre ética, tres o cuatro capítulos están dedicados a la amistad. En el pasado, la amistad era algo inmenso. Pero para nosotros es difícil pensar en la amistad como una vocación, porque no es una profesión.


SL: ¿Cuál es el primer paso para entender la propia vocación?

JH: Es muy importante preguntarse a sí mismo: "Cómo puedo ser útil a los demás? ¿Qué quieren la gente de mí?" Esto bien podría revelar para qué está uno aquí.

SL: Ud. ha escrito que "la gran tarea de cualquier cultura es mantener los invisibles en contacto". ¿Qué quiere decir con ello?

JH: Es una idea difícil de explicar sin abandonar la psicología e introducirse en la religión. No hablo sobre quiénes son los invisibles, o dónde viven o qué quieren. No hay teología en ello. Pero es el único modo en que los humanos podamos dejar de ser tan humano-céntricos: permanecer vinculados a algo otro que humano.

SL: ¿Dios?

JH: Sí, pero no tiene que ser necesariamente algo tan elevado.

SL: ¿Nuestra vocación?

JH: Creo que el primer paso es darse cuenta de que cada uno de nosotros tiene tal cosa. Y luego debemos mirar hacia atrás en nuestras vidas y considerar algunos de los accidentes y curiosidades y rarezas y problemas y enfermedades y comenzar a ver más en estas cosas de lo que habíamos visto antes. Plantea preguntas, de modo que cuando ocurren esos pequeños y peculiares accidentes, uno se pregunta si hay algo más en acción en nuestra vida. No tiene que involucrar necesariamente una experiencia extra corporal durante una intervención quirúrgica ni el tipo de magia de alto nivel que la New Age intenta meternos. Es más una sensibilidad, tal como la que tendría una persona que viviera en una cultura tribal: el concepto de que hay otras fuerzas en acción. Un modo de vivir más reverencial.



SL: Antes mencionó a Goethe. El observó que nuestra mayor felicidad reside en practicar un talento para el que fuimos hechos. ¿Somos tan desgraciados, como cultura, porque estamos disociados de nuestros talentos innatos, nuestro código del alma?

JH: Creo que somos desgraciados en parte porque tenemos solo un dios, y es la economía. La economía es un porteador de esclavos. Nadie tiene tiempo libre, nadie tiene ocio. Toda la cultura está bajo una presión terrible y fraguada de preocupaciones. Es difícil salirse de esa caja. Esa es la situación dominante en todo el mundo.
Además, veo la felicidad como un derivado, no como algo que se persigue por sí mismo. No creo que pueda perseguirse la felicidad. Creo que esa frase es uno de los pocos errores que cometieron los Padres de la Constitución. Quizás querían decir algo distinto a lo que entendemos hoy - la felicidad como el propio bienestar en la tierra.

SL: Es difícil perseguir la felicidad. Parece acercarse a uno sigilosamente.




JH: Ikkyu, el monje loco japonés, tiene un poema que dice:

"Uno hace esto, uno hace aquello
uno discute a la izquierda, uno discute a la derecha,
uno desciende, uno asciende,
esta persona dice no, uno dice sí,
adelante y atrás
uno es feliz
uno es realmente feliz"


Lo que está diciendo es: Detén todo ese absurdo. Realmente eres feliz. Detente por un minuto y te darás cuenta de que eres feliz simplemente siendo. Creo que es la búsqueda lo que echa a perder la felicidad.Si abandonamos la búsqueda, está aquí mismo.

sábado, 5 de diciembre de 2009

La bondad no tiene prensa



Extraído de “El poder de la bondad” de Piero Ferruccci.

“¿Bondad?. Quizás nos parezca absurdo plantearnos siquiera este tema. Nuestro mundo está lleno de violencia, guerras, terrorismo y desvastación. Pero la vida continúa porque nos comportamos con bondad unos con otros. Pero no nos ufanamos de ello. Ningún periódico publicará mañana la noticia de una madre que le leyò a su hijo un cuento para que se durmiera, o de un padre que le preparó el desayuno a su hija, o de alguien que nos ha escuchado con atención, de un amigo que nos ha animado, de un extraño que nos ha ayudado a acarrear la maleta. Pero si nos detenemos a reflexionar en ello, hallamos bondad en nuestra andadura cotidiana.”


“La bondad está ligada a lo más tierno e íntimo que llevamos en nuestro interior. Es un aspecto de nuestra naturaleza que con frecuencia no expresamos plenamente, porque tememos que si revelamos esta faceta vulnerable de nuestro ser nos pueden hacer sufrir, ofender, ridiculizar o manipularnos. Pero en realidad comprobamos que cuando no la expresamos es cuando sufrimos. Y que al tocar ese núcleo de ternura, nuestro mundo afectivo se enriquece y estamos abiertos a innumerables posibilidades de cambio.
Esta tarea no siempre es sencilla. Con frecuencia la cultura en la que vivimos nos coarta. Esto se debe a que todos nos hallamos inmersos en un “enfriamiento global”. Las relaciones humanas se han vuelto más frías. Las comunicaciones son más apresuradas e impersonales, Los valores como la rentabilidad y la eficacia han asumido una mayor importancia, a costa del auténtico calor y la presencia humana. Los afectos familiares y los lazos de amistad se resienten y son menos duraderos. Los signos proliferan, y son especialmente visibles cuando nos afectan de forma personal, en las pequeñas catástrofes de la vida cotidiana.”


Dos ejemplos bien distintos:

“Cada noche Dorothea, oye a la niña pequeña de sus vecinos llorar en el apartamento contiguo al suyo. Los padres la acuestan sola en la oscuridad, La niña llora largo rato, mientras los padres miran la televisión. Su llanto desesperado expresa angustia, soledad. ¿Qué debería hacer? No está segura. Si habla con los padres quizás empeore la situación. Por fin decide cantar. Al igual que ella la niña puede oírla. Cada noche, Dorotha le canta unas dulces nanas, le habla a través de los delgados tabiques, la tranquiliza, la consuela. La pequeña escucha la voz invisible pero amiga, deja de llorar y se duerme plácidamente. El calor de la voz de la extraña la ha salvado de su gélida soledad”.

“Al igual que el calor pone de realce nuestra personalidad y hace que nos sintamos especiales e indispensables, la frialdad puede convertirnos en unas sombras sin nombre. En cierta ocasión tuve que ir al dermatólogo. No vi sólo a un médico sino a un equipo de especialistas. Uno de ellos, una mujer, me examinó el pie durante largo rato con una lupa, sin decir una palabra. Al término de la consulta, cuando me disponía a marcharme, y después que la doctora terminara de escribir sus notas, alzó la cabeza y al verme allí exclamó sobresaltada: “¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí?.
No se había percatado que yo era el dueño del pie que había estado examinando. Para la doctora yo era simplemente una imagen que debía ser analizada con lupa. En ese momento me vio por primera vez como una persona en su totalidad, pero para ella tenía más sentido cuando era sólo un pie sin un nombre y una voz. Eso es el anonimato”.

“El calor deja de ser un hecho biológico para convertirse en una metáfora. Es una cualidad que vemos en los ojos de una persona, que oímos en su voz, que intuimos por la forma en que nos saluda. Esta cualidad física y otrora inmediata _ cuando nos sostenían en brazos y nos alimentaban_ se ha convertido ahora en algo más infrecuente, aunque no menos real y deseado que se halla en la base misma de la bondad.”


Por último quería dedicar este post a la entrañable Mercedes Sosa una de las personas cuya generosidad y bondad intrínseca se manifestaba en todo su esplendor, solo con mirarla.



(Piero Ferrucci es psicoterapeuta, antiguo estudiante y colaborador de Roberto Assagioli, el fundador de la teoría de la Psicosíntesis.)