En 1992 George Bush padre fue contundente al justificar, con la soberbia de siempre, la no concurrencia de EEUU a la cumbre climática de Río: “El modo de vida estadounidense no es negociable”.
Hoy, 17 años más tarde, puestas las esperanzas en el presidente Barack Obama, y su enfoque más conciliador y humanitario parece que las cosas siguen siendo bastante insuficientes.
En una sala cerrada, frente a una treintena de personas, el estadounidense Obama, el chino Wen Jibao, el brasileño Lula da Silva y el indio Manmohan Singh, acordaron y definieron el destino del planeta en cuanto a la lucha contra el calentamiento global.
Las emisiones de los países desarrollados continuarán, el planeta se seguirá recalentando y EEUU que representa el 5% de la población mundial seguirá produciendo el 25% de la contaminación planetaria, que junto con China suman el 40%.
Bastantes magros resultados para el país con mayor fama de salvador del mundo según Hollywood y sus películas de ciencia ficción.
Priorizando las soluciones más amigables con el negocio y los aspectos financieros que las ambientales, a pesar de que las emisiones de CO2 han aumentado más desde el Protocolo de Kyoto que en las décadas anteriores, en Copenhague se siguió apostando a los mecanismos reguladores del mercado.
Por ejemplo: a través del programa REDD (reducción de las emisiones debidas a la deforestación y degradación de bosques), que implica una nueva ola de de apropiación empresarial de los bosques, premios por deforestar y sustituir los bosques naturales con plantaciones. También avanzaron en incorporar la agricultura como forma de obtener créditos de carbono, abriendo las puertas a que los extensos monocultivos de soja transgénica y muchos otros desarrollos altamente nocivos de la agricultura industrial, que provocan el cambio climático, puedan beneficiarse entrando en estos esquemas.
Estos son parte de los avances a los que se arribaron
La tan mentada cumbre climática a duras penas se libró del fracaso total, al aceptar un acuerdo político que otorga ayuda financiera a los países más pobres para que enfrenten el calentamiento global, pero que no incluye más recortes en la emisión de gases de efecto invernadero.

NADA DE EMISIONES / En el asunto fundamental no hubo acuerdo. Los científicos de
La conferencia tampoco tomó medidas sobre un asunto que se creía estaba cercano a lograrse: un plan para proteger las selvas tropicales del mundo, vitales para la salud del clima, pagando a unos 40 países pobres la protección de sus selvas.
En conclusión, las expectativas puestas en el logro de un tratado ambicioso para reducir las emisiones se desvanecieron. La ciudad de Copenhague fue convertida en el símbolo del cambio hacia una sociedad menos dependiente de los combustibles fósiles. Se hablaba de una nueva revolución verde. Nada de eso ocurrió.
Solo que esta vez no contamos con un plan-eta B, no tenemos todo el tiempo del mundo para detenernos a contemplar y esperar, cómo lo más valioso de
(Fuentes: “Periscopio” y “el Periódico”).